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jueves, 15 de diciembre de 2011

He tratado de escribir sin éxito, tengo las palabras atravesadas en el no-se-qué-qué-será.

Por lo tanto he decidido compartir aquí una frase de uno de mis libros favoritos, y espero que al releerla un millón de veces, me libere sin tanta pachanga.

"El amor: qué cosa tan prohibida. No jugaba con los demás porque nadie entre los demás quería jugar con él, pero escribía cosas de amor (canciones, versos, cuentos, infracciones al código casi tan bochornosas como lo habría sido jugar a las muñecas) porque al amor no había forma de tocarlo sino así: escribiendo sobre él, encerrándose en soliloquios impensables…”