De un tiempo para acá me da mucho por pensar en mi infancia. Me gusta porque cuando mi mamá falleció perdí una gran parte de mi identidad. Por un lado mi memoria se volvió aún más selectiva y decidió bloquear muchas cosas, por otro, hay cosas que solo ella y yo sabíamos y ahora no tengo nadie con quien recordarlas.
A mi mamá le gustaba llevarme a Tepotzotlán de vez en cuando... perdíamos un rato buscando lugar, desayunábamos en el mercado y luego recorriamos la plaza central. Era un paseo dominical.
En la plaza había varios puestos que vendían dulces típicos, collares, artesanías, comida, etc. Pero el más importante para mí era "el puesto de las bromas".
Estaba en una esquina medio oculta del mercadillo, el surtido casi siempre era el mismo: bromas, cuetes, varitas de luz, máscaras...
La verdad es que si lo pienso, no entiendo porqué me gustaba tanto ese puesto, siendo hija única no tenía muchas personas a las que jugarles mis bromas, algunas en la escuela pero con riesgo al castigo. Como sea me encantaba ir y que mi mamá me dejara elegir alguna para llevar a casa. Recuerdo que lo único que no me dejaba comprar eran las bombas fétidas (años después entendí la razón).
Y quiero compartir algunas de las recuerdo:
El "memín pinguín" era un juguete que en estos días ya estaría super cancelado, pero seguro todavía se puede encontrar en mercados de barrio o el mercado de sonora. Era un niñito de color con los pantalones a media nalga al cual le insertabas en el anito un supositorio. Al supositorio le prendías fuego y se transformaba en una popó.
La neta si es algo asqueroso, ¡pero que divertido era!

El cojín pedorro: Como su nombre lo dice era un cojín que llenabas con aire y si alguien se sentaba en él emitía un sonido de pedo. La idea era avergonzar al pobre que se sentaba en él, porque aceptémoslo, pocas cosas nos dan tanta vergüenza -nivel: cachetes colorados-como el que se nos "salga uno" frente a otras personas. Recuerdo que el que tenía era de ese color exactamente:

La víbora en caja- Este no era tan divertido porque el pobre bromeado salía lastimado si lo hacías bien, pero era interesante. Una cajita con una tapa que se deslizaba y que fingías no poder abrir. Pedías ayuda a alguien y le decías que tenía que deslizarla con bastante fuerza. Si lo hacían bien, una poderosa serpiente con una lengua punzante (a veces una punta de clavo o alfiler) salía y picaba el dedo de la víctima. ¡Ouch!

Brujitas - Estas todavía son comunes, y realmente no son tanto una broma, pero son muy entretenidas. Son bolitas de algún papel que están rellenas de un poco de pólvora, si las azotas con la suficiente fuerza contra el piso truenan como un disparo. Si agarrabas un bonche y las aventabas al mismo tiempo en el momento indicado si le metías un buen susto a alguien.

La popo falsa - un clásico hoy en día, se trata de una popo de plastico o cualquier otro material que pueda darle realismo. La colocabas en lugares inverosímiles para desatar el asco de la víctima.

ANEXO
Mencioné antes que mi mamá nunca me dejó comprar las bombas olorosas.
Existían en este formato de bolsita que se tenía que reventar liberando un olor fétido y asqueroso, y existían también en otro formato donde literal tenían forma de bomba les prendías fuego en la mecha y el olor que despedía al quemarse era igual de fétido y asqueroso.
Aunque mi mamá nunca me dejó comprarlas de niña, más grande tuve mi experiencia con ellas: en la secundaria teníamos la clásica y poco entendible guerra de grupos A vs B. Yo estaba en el B, múltiples bromas se jugaban y honestamente casi siempre eramos los ganadores, nos odiaban además por tener el promedio más alto que ellos. Pero su venganza máxima fue de la mano de las bolsas fétidas.
Un día, durante un cambio de clase, entró corriendo un enemigo del 3°A bolsas en mano las lanzó y reventó por todo el salón, a los pocos minutos el olor era demasiado nauseabundo para mantenernos dentro, nos salimos pero llegó la maestra en turno quien como castigo nos hizo entrar y cerró todas las ventanas y puerta dejándonos ahí mientras ella esperaba fuera que el olor se disipara.
Tomó mucho tiempo para que eso ocurriera, al grado que un compañero que tenía Vick Vaporub (why?) nos donó para ponernos debajo de las fosas nasales y así tratar de sobrevivir al olor.
Fue una gran batalla que sin duda perdimos.

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