miércoles, 18 de noviembre de 2020

Reproductores, música y nostalgía.


Para las personas que me conocen es bien sabido que la música es parte de mi meláncolica existencia, o sea sin música yo no existo. Esto me ha llevado a coleccionar música en distintos formatos según la época, y mirando hacía atrás la verdad es que mi recorrido musical se me hace muy chingón. 

En otro post escribía sobre como la música se ha vuelto desechable, no solo en su contenido, si no por la forma en la que la consumimos, ya hay pocos artistas que se esfuerzan por entregar todo un disco de calidad, las cosas se han reducido a singles y canciones que puedes compar como stand alone.

Todo esto porque hace unos semanas decidí reencontrarme con mi Net MD , que por fortuna aún funciona excelente (obvio, es SONY). Tenía en su interior un mini disc variadito, que me recibió con Alesana, seguido de 30 secs to mars, para luego pasar por Underoath y Walls of Jericho. Fue como un viaje instantáneo a mi adolescencia, ¡qué sabroso es el efecto transportador de la música!

No logro ubicar el momento exacto en que llegaron a mi vida, creo que fueron un regalo de cumpleaños de mi mamá, justo antes de tener mi primer iPod, creo, no tengo muy claro en qué momento migré de uno a otro, pero este bebé me dió muchas horas de música.

Y me puse a recordar mi pequeña colección  de reproductores de música, que me han acompañado en diferentes etapas de la vida; la verdad es que es una tristeza que no he conservado todos esos reproductores, en algún momento se me hizo fácil simplemente desecharlos sin saber que más adelante sería presa de una nostalgia abrumadora al recordarlos. Pero por fortuna, también he sido lo suficientemente sensata para conservar uno de cada formato. 

Lo más importante de todos es que se me hacían muy bonitos, o sea estéticamente se me hacen super atractivos, quizás es solo una visión romántica que le pongo en mi memoria, pero es la verdad. 

Y lo segundo más importante, es que cada uno y la música reproducida en ellos maró claramente etapas de mi vida. Y pues decidí hacer un recorrido musical:

El primero que recuerdo era un estéreo marca National, reproducía acetatos y tenía radio.
Ahí fue donde por primera vez bailé al ritmo del Rock & Roll con Elvis Presley, Los Teen Tops, Ricky Nelson y el Jerry Lee Lewis, que llegaron a mis oídos para marcar mis gustos musicales de por vida; pero también el sountrack de Katy, Kity, Koko (sí,las orugas), Cri-Cri, el OST de la telenovela "Alcanzar una estrella", Alberto Vasquez y Vicky Carr (con toda la depresión que eso conlleva) porque no todo es rock en la vida, chavos.

Nos deshicimos de él después de que, a eso de mis 5 años, lo quemara por introducir un cable pelado a un enchufe. Seguido de un cague porque "casi me quedo ahí pegada", según dijo mi mamá. 
Nunca se arregló , pero lo recuerdo y era muy bonito, aun tengo las bocinas. 

La foto no es mía, pero lo recuerdo más o menos así, ¿ven?, muy bonito.

Let's rock everybody, let's rock
Everybody in the whole cell block
Was dancin' to the Jailhouse Rock
Debido a ese incidente llego una pieza más moderna. Un estéreo SONY que el poder para reproducir KCT+acetatos+cd+radio, una joyaza pues.

Ese bello ejemplar aún está sentado en la sala de mi actual hogar, funcionando 100/100, y es que también antes las cosas estaban hechas para duras, ¡maldita la hora en que se inventó la obsolescencia programada!




Con este es que empezó mi colección de cds pero también los hermosos mix tape. Que ya hacía algunos en otras grabadoras de mi mamá, pero este si que tenía buen sonido.
Estoy convencida que uno de los discos más sonados en este aparto fue el primer disco de Savage Garden, que ponía todas las tardes al hacer la tarea y el "These Days" de Bon Jovi. 

Luego, como buen pre-adolesente, empecé a necesitar mis propios equipos de sonido para poder escuchar lo que se me daba la gana en mi habitación. Se resolvió con una grabadora, regalo pedido como a los 11 años, época de mi vida en que mi lazo con el rock se estrechó para ya nunca romperse. 

La grabadora SONY me permitía escuchar a escondidas y en nivel bajito con la oreja bien pegada a la bocina- cual delincuente musical- los discos de Marilyn Mason que compraba, con mis muy contados ahorros, a un gañan de la escuela al que sus papás le compraban todo lo que quería y luego el revendía a precios de risa solo por el hecho de poder hacerlo. Así me hice del "Mechanical Animals", "Last Tour on Earth" y "Americana" de The Offspring. 



¿Por qué escuchaba a escondidas? Bueno, aunque ahora Manson esté en una cartelera gigante en Times Square, la verdad es que en los 90s el reverendo generaba pánico moral -y no sin justa razón- su música se consideraba satánica y que te volvía loco, así que claro mi mamá no era feliz de que eso fuera lo que quería escuchar. Empecé escuchando a escondidas, y  más adelante en rebeldia adolescente se acompañó de ropa y uñas negras, así como Manson a todo volumen sin recato.

You were my mechanical bride
A Pheno-Barbie-Doll
A manniqueen of depression
With the face of a dead star

Pero hay sin duda una conexión muy diferente entre escuchar la música así y escucharla dentro de una burbuja patrocinada por unos audífonos. Ese aislamiento musical es un momento íntimo dónde puedes prestar atención tranquilamente a la letra, la composición de los instrumentos o regresar 100 veces la misma canción sin que nadie te juzgue.

Esa conexión la tuve a través de diferentes dispositivos.

Mi walkman amarillo, muy agradable imitación del clásico de SONY (carísimo). Desde niña tuve diferentes walkmans que tuve que ir cambiando porque atoraban la cinta, o algo así... digamos que este era uno de los últimos que tuve. Recuerdo que el primero era de colores fosforescentes: rosa, amarillo, naranja muy bonito. Después tuve uno todo negro que además tenía bocinas integradas y radio, o sea que lo podía usar de radio-grabadora. Y finalmente este amarillo que aún conservo, en dónde reproducía mis cassetes piratas de Lacrimosa, Moonspell, London After Midnight.

Ya existían los cds, lo que pasa es que aunque fueran piratas eran mucho más caros, y conseguir música de los artistas que mencioné no tan sencillo. Hacia mis compras en un puesto "darks" del famoso Mercado del Carmen de C. Izcalli.  Donde además en muchos casos se tomaban la molestia de poner la portada a color e incluso un par de veces me toco con booklet fotocopiado incluido.

Tengo un recuerdo muy particular de un viaje a Veracruz con mis papás y yo en la batea de la camioneta, tirada entre cobijas escuchando el LIVE de Lacrimosa acompañada de mi perro Milo.



I'm Kabinett der Sinne bin ich wieder erwacht

Mi primer cd player también fue SONY, un regalo de cumpleaños que equivocadamente presté a la llamada mejor amiga de la secundaria y que me regresó con daños físicos notables. Creo que fue la primera vez que realmente me hice valer pidiendo reparación de los daños. Por desgracia cuando llegué a la tienda ese modelo ya no estaba disponible, pero compre este increíble AIWA que tenía unos audífonos de no mames para la época y que contaba con "antishock", para que no se saltaran las canciones , otra joya pues. 

Los discos más sonados acá, además de los quemados con mi propia selección musical, son los primeros de My Chemical Romance, The Used, pericos, DK, panteon rococó, o sea variadito.


Después llegó la tecnología, esta cosa de andar cargando el estuche de cds era un poco incomodo, se solucionó cuando se inventaron los cd players que leían mp3 (nunca tuve uno) pero el MD era una apuesta por un formato aún más pequeño. Los Minidisk reproducían mp3 y mp4, pero su gracia era que podías pasar los mp3 por un proceso (bastante tardado y que terminaba por ocupar más espacio en el disco duro de tu PC) para convertirlos en ACC para comprimirlos al máximo y poder grabarlos en los minidisk, pero permitían hasta 234 minutos de música por disco (o más).


Acá sonó un poco de todo, incluyendo nuevas adiciones al espectro musical como el EBM de Combichrist y Hocico. Me daba el lujo de hacer discos por genéro, por mood, por artista y todo lo que se me ocurriera, y sin duda la portabilidad era mucho mejor que con un cd player.

Let your blood flow
Get your body beat


Por esas fechas llegó otro maestro, mi primer iPod, que no es el de la foto, este fue el segundo.
El primero fue un iPod video negro, de 30gb, que me acompañó en mi primer viaje sola fuera del país, y donde vi por primera vez "Requiem por un sueño". Así, con esa pantallita me la chuté completa y la disfrute como nunca. 

Era tanta mi emoción que le cargué de todo, videos, fotos, música y hasta notas secretas llegó a tener. Pero 30gb dejaron de ser suficientes...

Más tarde llegó este de 120GB, comprado de segundo uso y emitiendo un "amén" para que la batería no estuviera jodida o el disco duro. Por fortuna todo salió bien y pude atascarlo con cuanta madre se me ocurría bajar. Compañero indispensable de pedas, viajes y depresiones.

Hasta hace no muchos años todavía lo usaba super seguido, además de la magnífica capacidad, la batería es un mounstro, nada que ver con la de un celular (por más capacidad que tenga). 




Lo bonito de estos reproductores era la experiencia completa. Sé que con Spotify o iTunes ahora casi todo está al alcance, es fácil, rápido. Pero antes era todo un ritual poder escuchar la música que querías en formato mp3 y sobretodo si era música "alternativa".

Había que valerse de programas de descarga, de buenos samaritanos que ripearan los cds, de un internet decente, de espacio en el disco duro y sobretodo de paciencia para poder encontrar los archivos buenos y sin virus en un mar de información, así como paciencia para que se descargaran los archivos, ponerles nombres y luego cargarlos al reproductor. Les digo, era un ritual.
  
Creo que por eso es que se apreciaba mucho más, después de ese tedioso proceso por fin escuchar la canción en tu burbuja de audífonos era una experiencia mágica.

Son incontables las noches que le dedique a la tarea exclusiva de esperar de madrugada a los peers de europa para poder descargar algunos cds de bandas de esa zona y que dejé a mi mamá sin teléfono para estar conectada a internet.

A veces me da lástima que esa experiencia se haya perdido, pero lo importante es que la música nunca muera. Por mi parte sigo comprando cds y acetatos cuando puedo, porque está muy bien eso de elegir que canción escuchar, pero escuchar un buen disco de la canción 1 a la 12, no se compara.





 

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